Calderas y sistemas de calefacción son elementos con los que convivimos a diario y de los que, sin embargo, poco se reflexiona más allá de que ayudan a conservar el calor de nuestro hogar en invierno.

Pero lo cierto es que el uso que hacemos de nuestras calderas y sistemas de calefacción influye y mucho en el consumo energético que se realiza en nuestros hogares. Y es que se calcula que, de media, casi la mitad de la energía que gastan las familias españolas es para calentar sus viviendas.

Partes de una instalación de calefacción

 

Llegas a casa, enciendes el radiador y el calor sale, pero ¿sabes de dónde viene? Los sistemas de calefacción central más habituales constan de estos elementos:

  • Un generador de calor, generalmente, una caldera. Según su tipo de combustión, los principales tipos de calderas son:
    • Atmosféricas: cuando la combustión se realiza en contacto con el aire de la estancia donde está ubicada la caldera. Está prohibida la adquisición de calderas atmosféricas desde el 1 de enero de 2010.
    • Estancas: cuando la admisión de aire y la evacuación de gases tienen lugar en una cámara cerrada, sin contacto alguno con el aire del local en que se encuentra instalada. Tienen mejor rendimiento que las calderas atmosféricas.
    • Calderas con modulación automática de la llama. Este sistema minimiza los arranques y paradas de la caldera, ahorrándose energía al adecuar, en todo momento, el aporte de calor a las necesidades, mediante el control de la potencia térmica aportada (potencia de la llama).
    • Calderas de Baja Temperatura: trabajan con temperaturas de retorno del agua bajas (40-60ºC) y con baja temperatura de humos (90-120ºC), contando con eficacias superiores. Su principal aplicación es en instalaciones donde se pueda trabajar un número elevado de horas a temperaturas bajas del circuito de agua caliente.
    • Calderas de Condensación: recuperan parte del calor de la combustión, particularmente el calor latente del vapor de agua que se produce durante el proceso. Su temperatura óptima de operación es 30-50ºC del circuito de calefacción. Otra propiedad es que emiten los humos casi fríos, a temperaturas de sólo 40-60ºC.
  • Un sistema de regulación y control, capaz de adecuar la respuesta del sistema a las necesidades de calefacción, procurando que se alcancen –sin sobrepasar- las temperaturas de confort preestablecidas.
  • Sistema de distribución y emisión del calor, es decir, bombas o circuladores (elementos de impulsión, las tuberías, y radiadores (difusores de calor) por cuyo interior circula el agua caliente que distribuye el calor.

¿Cómo sacar el máximo partido de las calderas y sistemas de calefacción central?

 

Para lograr una instalación de gran eficiencia energética, el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE), en su Guía Práctica de la Energía destaca la necesidad de disponer  de un sistema de regulación de la calefacción que adapte las temperaturas de la vivienda a las necesidades de sus ocupantes.

Y es que las necesidades de calor varían en función de la estancia; en la cocina, por ejemplo,  donde hay aparatos como el horno que producen calor las necesidades de calefacción tienden a ser inferiores que en estancias como el salón, donde las personas permanecen sentadas o en reposo durante más tiempo. Las necesidades de calor también dependen de la hora del día o de la época del año.

Por ello, en las instalaciones de calefacción central, donde varias viviendas comparten una misma fuente de calor, disponer de elementos que permitan individualizar el consumo de calefacción es de vital importancia para garantizar el bienestar de las personas y para no desperdiciar energía.

Entre los procedimientos para mantener la temperatura deseada en cada una de las habitaciones, la instalación de válvulas termostáticas en los radiadores es uno de los más utilizados. Estas válvulas tienen varios niveles de ajuste, en función de la temperatura deseada, abriendo o cerrando el paso de agua caliente al radiador, según corresponda.

El uso que se realiza de la instalación de calefacción central tiene un gran impacto sobre el consumo de energía. Por cada grado que aumentamos la temperatura, se incrementa el consumo de energía aproximadamente un 7  por ciento. En invierno se aconseja una temperatura entre 19 y 21 grados, suficiente para alcanzar la temperatura de confort para la gran mayoría de personas.