Según un estudio llevado a cabo por la NASA, las ciudades asfaltadas y con edificios de gran tamaño, en las que no existen grandes zonas verdes, pueden registrar temperaturas entre 1,5 y 3,3 grados superiores a las de las áreas vegetales cercanas.

Detrás de esta situación está el llamado efecto isla de calor, urban heat island (UHI) effect en inglés, un fenómeno que se produce en áreas urbanas, sobre todo en las de gran tamaño. Los expertos que han estudiado este fenómeno afirman que, si el efecto isla de calor continúa, durante las próximas décadas puede que se se llegue a duplicar el ratio térmico entre las ciudades y las zonas rurales que las rodean.

Aumenta el consumo de energía

A causa del efecto isla de calor, durante los días cálidos y olas de calor la superficie urbana tiende a calentarse, lo que fuerza un aumento de la temperatura del aire, particularmente en espacios exteriores mal ventilados o en espacios interiores de edificios residenciales y comerciales con un pobre aislamiento térmico.

Todo ello conduce a un incremento del consumo de energía, ya que aumenta la demanda de refrigeración, lo que genera más emisiones de efecto invernadero como dióxido de carbono, dióxido de sulfuro o monóxido de carbono.

Este aumento de la demanda de energía genera más gastos a los ciudadanos y gobiernos, lo que en grandes áreas urbanas causa impactos económicos significativos.

efecto isla de calor ¿Cómo afecta a las ciudades?

¿Dónde se localiza este fenómeno?

Aunque las islas de calor se pueden formar en cualquier área rural o urbana y en cualquier escala espacial, las ciudades son proclives a sufrir este fenómeno, ya que sus superficies son propensas a liberar grandes cantidades de calor.

No obstante, este fenómeno no solo afecta negativamente a los residentes en entornos urbanos, también a las personas y ecosistemas cercanos ya que, indirectamente, el efecto isla de calor se ha relacionado con el cambio climático y el calentamiento global.

¿Se puede frenar?

Existen dos estrategias principales para tratar de reducir el efecto isla de calor: mejorar la refracción de los suelos y fachadas para evitar la absorción de radiación por parte de las superficies urbanas y aumentar la vegetación, sobre todo a través de parques, ya que las zonas verdes cumplen un papel importante en la regulación de temperaturas.

Además, para mejorar la eficiencia energética de los edificios y evitar los derroches de energía por parte de las instalaciones térmicas de los edificios, las empresas de servicios energéticos como Remica están a disposición de los usuarios para realizar un diagnóstico personalizado, adecuado a las características de cada caso.

 

Fuente: http://www.urbanheatislands.com/